El parking está vacío, prácticamente vacío. Algunos coches al fondo, la desolación total. Puedo caminar tranquilamente sin tener que hacer zig-zag, sin pensar previamente la ruta más corta. Elijo o me elige a mí la perfecta diagonal, si no la interrumpe la torpeza de mis pasos. Estoy sobre donde dentro de una hora habrá un utilitario de color rojo. En él se bajará una cuarentona y como cada semana hará la compra. Leche, huevos, azúcar, carne… que más da, no lo compra para mí. Y si es una familia entera, pero eso no es posible, los niños estarán en el colegio, como mucho él, ella y la abuela. Al abuelo no le gusta ir a la compra. Ya se están increpando por quién debe coger el carrito, y la abuela mira con cara escéptica y piensa para ella misma “ya se lo decía yo, muy nervioso para ti ese chico”.
No te olvides del Danonino de fresa para Germán dice la abuela. Demasiadas porquerías toma el niño dice él. A su vez piensa “Cada mes lo mismo, tener que aguantar esto. El único día de fiesta que tengo y me tiene que tocar ir con la suegra. Cualquier día de estos el viejo la palma y la tengo que aguantar todo los días. Ahora cuando pasemos por las legumbres nos dirá que hay que comer cada semana lentejas y garbanzos. Ocho años escuchando lo mismo. ¿Qué cerveza quieres Juan? Ya sabes la que bebo, y siempre preguntas lo mismo cuando hay otra marca más barata. “Siempre me lo dice y cuando vamos a casa de alguno de sus amigos para cenar se bebe la que no quiere que compre sin rechistar”, piensa ella.
Me imagino horas más tarde volviendo de la jaula. El parking está lleno. La diagonal se ha transformado en un sinuoso caminar. Me encuentro a la pareja y la abuela. Aún siguen discutiendo. Está vez consiste en como poner las bolsas en el maletero.


Desde luego eres de la generación que tenía que imaginarse las cosas para jugar, no como los niños de hoy que no la ejercitan para nada. Fíjate todo lo que eres capaz de sacar de un parking vacío...
la ruta de tus pasos (la diagonal y al otro día, el zig-zag forzado u otra figura similar...) es una imagen lucida. de caminos diferentes, y el entorno que parece imperturbable. sin embargo, ese mismo camino ya lo hace distinto.
ahora sigo...a que voy. voy a que el camino cambia por condiciones externas. en el medio de conversaciones banales, en ese paisaje aparentemente monótono, sin embargo, algo cambió (hoy vacío, mañana lleno de autos)...y en ese diminuto detalle vos encontraste el diferencial. ese para mí es lugar de la belleza: entre las valvas de la grieta.
o en las bolsas que vuelan por el viento. esos son los detalles en tus escritos que le dan un valor brutal. que sirven además, como contracara, para remarcar lo anodino del mundo.
y este es mi comentario, quizá también banal, pero así lo veo yo, por lo pronto
Como adivinaste que me gustaba el de fresa?
Ya espero el Retazo Quinto!
Tu agente literario dice que ve en ti mucho talento... esto hay que explotarlo, heliopolis. Sigue con ello!!
Por eso no me voy a casar nunca.