Me aterraba la idea de que no vinieras. Sólo, en aquella ciudad de provincias, en la recepción del hotel. Era sólo un tres estrellas, tampoco me podía permitir más. Tú me dijiste que fuéramos a una pensión, pero yo iba a pasar todo el fin de semana, y quería estar en un lugar con un mínimo de condiciones. Yo dormiría dos noches, tú sólo una. Mamá siempre decía que yo esperaba a todos los demás menos a mi mismo. No conocía la ciudad y quería conocerla. El día anterior recorrí bares, terrazas, caminé mucho. Mi afición preferida es pasear por ciudades desconocidas y ver a la gente, como camina, como las parejas charlan, ver a los abuelos sentados en los parques, ver gente. Curioso que en mi pueblo no lo haga, será porque la gente es la misma, los lugares son los mismos, pero en cuanto llego a un nuevo lugar necesito empaparme de él. Me siento en un bar a tomar un café y observo la manera en que se expresa el camarero, si a un cortado lo llaman cortado o de otra forma. Si la cerveza que sirven es la que tomo en casa o es de una marca diferente. Y naturalmente la gastronomía local es un factor importante. Ir a un restaurante caro lo sabe hacer cualquiera que tenga la cartera llena. Yo no hablo de eso. Pinchos, tapas o como se les llame. Tomas un cortado al medio día y a observar. La gente pide la cerveza y algo más para hacer entrar el hambre. Factor importante. Según como lo piden, la rapidez, la complicidad con el camarero, la visión de la barra, te revelan quién es autóctono, no del lugar, si no del bar. Y no digo asiduo, para mí algunos son autóctonos, ya que los productos están hechos para ellos. Al final acabé como siempre, comiendo dos diferentes una y otra vez, a pesar de la insistencia del camarero en señalarme otros con muy buena pinta.
El único museo que tenía no debía llamarse así, la colección era insignificante y además de un pintor malo, pero el único algo famosillo de aquel lugar. La tendencia de hiperbolizar a nuestros vecinos cuando hacen algo fuera de lo común. No nos engañemos, pintar es algo fuera de lo común; y cuando un hijo nos sale artista nos llevamos las manos a la cabeza. Todo el día quejándonos de la mediocridad que nos rodea y cuando tenemos a alguien saliendo de la norma pensamos en que lo va a pasar mal, que no tendrá casa, coche, televisión… somos así de contradictorios. Y si hubiese sido esto, y si hubiese sido lo otro, y al final tenemos un miedo terrible a ser diferentes.
La recepción no era nada espectacular. La ocupaba casi todo el día una chica de unos veinte años, y pasaba casi todo el día leyendo un best seller de moda infame. Yo estaba sentado en un habitáculo compuesto de cuatro sillas y dos mesas, con varias plantas alrededor, signo de un intento por parte del dueño en querer dignificar su hotel. El intento era loable pero a mi gusto le había salido rana. Además no podía fumar y cada cinco minutos salía a la calle, mi nerviosismo era evidente. Habíamos quedado a las once y eran las once y cuarto. Yo llevaba en la recepción desde las diez y media. Cuando bajé de la habitación la muchacha me esbozó una sonrisa. Vio fijarme en su libro y me preguntó si lo había leído. Yo con una sinceridad aparente le dije que no, pero lo conocía y me habían hablado muy bien de él. “Al ritmo que voy me lo devoraré en cuatro días”. “Buen hábito el de la lectura. Además, me imagino que pasarás muchas horas muertas”. “Es lo que tiene trabajar en un hotel de provincias, y más en esta época viene muy poca gente. Algún viajante, o gente que hace la noche para marchar al norte. Tú, perdón usted….”. “Tranquila, yo te he tuteado y no hay nadie que vaya a decirte lo contrario”. “¿Tú estás esperando a…?”. “Mi novia. Viene en media hora. ¿Qué piensas leer cuando acabes este?”. “No lo sé. Recomiéndame alguno”. En ese momento sólo pensé en Madame Bovary. El subconsciente me traicionaba. Podría haberle dicho la Regenta, pero no lo había leído aún. Entró una pareja y yo aproveché para hacer el primer cigarro del día.


jajaja...me imaginé a la piba, en ese hotelucho leyendo a Madame Bovary. Se me escapó una risa. Es un detalle gracioso (además de un lapsus. que usted sabrá porque lo pone)
La ciudad, evidentemente, no era Vetusta, pero, no estaría usted, don Fermín, esperando a su Anita Ozores?
Me estoy empezando a enganchar a esto de los Retazos.
Por si algún día lo publicas, una sugerencia. Yo quitaría cuando la recepcionista dice "Es lo que tiene trabajar en un hotel de provincias". Los que somos de provincias no solemos usar esa expresión. Suena algo peyorativo.
Yo no soy ni de ciudad, así que ....