Dos metros diez por metro cuarenta. Vacío, pausa, encauzamiento. Sínodo de almas. Respiración, transpiración. Complicidad, simplicidad. Metro setenta y cinco por metro sesenta y nueve. Tan lejos, tan cerca. Huyendo de la presencia ausente. Inerte vehemencia retuercen vanos intentos por huir, de aquí y de allí. No puedo mirarte, no puedo verte los ojos, pero veo tu alma. No escucho tus palabras, ni tu las mías, pero si nuestros propios sonidos. No puedo encogerme, tú me obligas. No puedo mirar hacia otra parte, tú me vigilas. No puedo ausentarme, tú me castigas. Trapecio sin red, altura y desmesura. Emoción y reacción. Camino sin retorno. Otra vez se vuelve a repetir. Tenazas que me oprimen. Caída libre. ¿Eres tú o soy otro yo? Atento a no provocar tu descontento.

Intentas prorrogar el vértice. Me miras y no creo en la física. Morfología perfecta. Estaba aquí y ahora estoy ahí. ¿Me acompañas? Este viaje no se hace sólo. Me contraigo y me amplío. Me elevo y me sujeto. ¿Dónde estoy? Tú me indicas las coordenadas. Aún no hemos imaginado el epígrafe, la obra no está completa. Esquivas y contienes. Azuzas a otro, pero estoy yo. No hay música, pero sí armonía. No oigo trompetas, fanfarrias ni trombones, pero sí la percusión. Dos notas en una misma escala. ¿Llegaremos a la séptima? ¿Partituras? Creamos cada vez una nueva. ¿Qué somos, singular o plural? ¿Segmentos o un conjunto? ¿Latitud o longitud? Mapas por descifrar, mil veces recorridos. Altivo e intuitivo. Ocupando el presente. Ausente de tu futuro. Robando espacios. Ocurre esta vez y me lo he imaginado mil veces. Descubriendo mundos paralelos. No se puede prorrogar más el vértice.

Descansemos y volvamos a empezar de nuevo.