Hoy he vuelto. He mirado todos los lugares en los que pasamos los días felices. Todo sigue igual pero ha cambiado. Las frases, los poemas, las canciones. Ya no es lo mismo. Tú ya no eres tú. Yo sin embargo dejé hace mucho tiempo de ser yo, mucho antes de que me conocieras. Hasta me he paseado por donde deambulan los viejos amigos. Más de una vez me pregunté si eran amigos, o sólo la necesidad nuestra de ser escuchados nos hizo convertirlos en nuestros cómplices. Veo los saludos de todos ellos, sus risas, sus bromas, hasta las críticas injustificadas en tono de mofa. Ellos tampoco son ellos, y seguramente siguen siéndolo. La suma de sus sonrisas sin tu mirada perdida se convierte en resta. Y tu ausencia el valor es cero.

Releo las esquinas, las subidas y las bajadas. Trapecios, ángulos, rincones cóncavos o convexos. Veo tus ilusiones perdidas, tus confesiones, mis ánimos, los de los demás. Hasta tus mentiras. ¡Qué feliz me hacías! Me has hecho recordar lo insensato que era. ¿Por qué ya no lo soy? ¿O lo sigo siendo? Tus súplicas. Tu desdén. Me quedará siempre grabado tu rechazo. La nostalgia, ¿O es un adiós definitivo? Pasear por inmensos lugares que no significan nada. Hasta veo a quien nunca debió vernos, y no me produce desagrado, más bien lo comprendo. Será siempre todo, y yo nada más que un pasaje absurdo. Mi existencia efímera en tus ojos quedará grabada hasta el infinito. No sé si en los tuyos o en los míos. No sé si en nuestro placer o en nuestros lloros. Ahora todo da igual, pero sigue teniendo importancia. Sin ti no sería yo, y tú sin mi no serías la misma. Seremos suma o resta, hasta el día que nos encontremos de nuevo. Aunque sabemos que nunca sucederá. Porque tú ya no eres tú, y no me hace ninguna falta.