Mis más sinceras condolencias. Ayer pasó usted a formar parte de toda una pléyade de mentecatos. Verme en el espejo era mostrar esa frase tatuada en mi frente.

Había estudiado cada uno de los elementos que forman la sintaxis de los acontecimientos acaecidos en mi vida. La dejadez en mis responsabilidades. El aumento del tiempo vacío. Las marionetas de mis aptitudes. Todo ello, aderezado con no tener ningún tipo de aliciente. Pasando el discurrir de los días, el envejecimiento de mis actos. Instruido en la mediocridad. Abanderando de la necesidad de un cambio permanente, el que me llevara lejos de todo lo conocido. Saber que fichaba en el reloj biológico de las horas de sueño, la salvaguarda del hastío existencial, y al despertar empezara la aventura de las aventuras. Recorriendo caminos inconexos, simulando estabilidad en la cuerda floja. Intuyendo que caer a un lado u otro dependería del ingenio o de la diosa fortuna. Interiorizar mi nuevo yo desde las ráfagas que llegaran desde fuera de mi conjunto. Arrojarme al vacío de lo intuido, de lo esperado, de lo no vivido. Acercarme al mundo sin pisarlo, levitando en él. Yuxtaponiendo el tiempo sobre los espacios delimitados. Dejar de criminalizar los segundos para no redimirlos en parajes inhóspitos, mis lugares preferidos, los cuales están encerrados en las noches solitarias. Emitir un influjo que sea imperecedero y rehacer un personaje agotado en una obra inacabable. El autor se cansó de ella, el actor principal se ve incapaz de improvisar sobre el texto y el público se ha convertido en el apuntador. Ya no queda ninguna butaca, la sala ha ido reduciendo el aforo y al final no se sabe si el actor está sentado mirando el escenario vacío.

Sin saber quién eres tú. Ignorando tú existencia. Desconociendo que serías capaz de llevarme al cielo. Murmurando tu nombre, el cual no conozco y he gritado mil veces. Sin presagiar tú visita, relámpago ardoroso que azota mis cimientos. Evitan la valoración de un simple instante. Alimentando la curiosidad como un niño, fuente inagotable de sorpresas y repitiendo el mismo juego como si fuera la primera vez que jugamos.

Anhelando lo incierto.