Y entré dentro del retazo. Observé una serie de imágenes. A veces lúcidas, otras desencantadas, y varias esperanzadoras. Me dije a mi mismo ¿Eres tú o quien deseas ser tú? Caminaba entre frases y paradojas. Los estímulos se apagaban y encendían, desdicha borrada. Muchas comas, ninguna admiración.
¡Qué alegría más alta: Vivir en los pronombres! Y yo buscándolos y no los encontraba. Otra visión de otro la cual debería ser la mía. Desencuentro, huida y escapada. Encuentro, anhelo y esperanza. Fotogramas incompletos de vivencias pasadas, imaginaciones deseadas. Reconstruyendo estímulos. Perspectivas enigmáticas. Ofrecimiento y rechazo. Las cualidades de uno distorsionadas. Plano fijo, a la velocidad del reflejo pasan todas las desidias. Plano americano, veo tus inquietudes pero no se que las mueven. Plano secuencia, sigue ausente en toda esta historia. La desfragmentación del tiempo y el espacio, de los recuerdos y las invenciones. Aún sigue lejos de ver a todo un final, pero desdibujo en la mente un claro principio. Diáfano e inconcreto.

Tres párrafos y muchas novedades, ninguna. Tú o yo. ¿Nos conocemos? ¿Lo deseamos? Nos hemos visto demasiado tiempo y prácticamente acabamos de empezar. Todas las mañanas con la cara dormida. Al salir de la ducha para borrarnos la barba. Tú expresión con pasta de dientes en la boca me gusta. ¡Me empiezas a gustar! No brindemos aún todavía. Eres un animal obcecado y lo muestras abiertamente en tus escritos. Hablas de ti y de mí. Los dos, uno mismo, y tan diferentes, tan iguales.

Retazos, reflejos. Queda mucho por decir, y nada más que contar. Pero conociéndote no será el último. ¿Cuál fue el primero? Lo leí y no me acuerdo.