Retazo vigésimo sexto
Volviendo otra vez al mismo sitio repasé una y otra vez lo acontecido, los sucesos más extraños y maravillosos. Me resultaba imposible ver el lado negativo de todo, y más si cabe entre tanta sensación nueva, maravillosa. Aún retumbaban en mis oídos los golpes de tu corazón. Los susurros cercanos a mi oreja, la sonrisa desenfadada. Pero aún así debía tener los pies en el suelo. Tú habitabas un mundo el cual no era el mío. Yo quería entrar una y otra vez, pero el pasaje lo había comprado hace mucho tiempo otra persona. Insistía mi ímpetu en no resignarse. Luchar contra corriente. Mal decir el no haberte conocido antes. Pero una cosa tenía clara, si nos hubiésemos conocido antes se hubiesen conocido otras personas. Yo ya no era yo. Tú dejabas de ser tú. El mundo oscilando al lado nuestro, intemporal, aparentemente accesible, encargado de fijar los engranajes. Lugares separados. Distancias amplias. Nuestro mundo se debía reducir al mínimo.
El mensaje era claro. Tú allí y yo aquí. Traspasar todo ese encanto había supuesto un viaje sin marcha atrás. Una caída en picado. Yo lo intuí una y otra vez. Incluso hice el atisbo de pararme en la siguiente estación. Sí, cada día era recorrer una estación. Todo esto me recordaba cuando era un adolescente, e iba al pueblo de al lado a una discoteca y cogía el tren sin billete. Las carreras por el tren con el revisor detrás. Esta vez el revisor estaba cansado de tanto correr, o se había tomado un descanso. Pero siempre permanecería alerta. No era tonto ni mucho menos. O como muchas veces me había pasado. Mi terror a considerar la posibilidad de tú búsqueda de atención. No por parte mía. Esa la tenías toda. Demasiada digo ahora.
Esto lo estoy tocando mañana. Sí, me gustaría ser así. Pero no, no me voy a engañar otra vez de nuevo. Un instrumento de alquiler, demasiado manido, muy desafinado. Hasta los novatos como yo agradecen el saber que la buena música debe salir del alma, y probar los instrumentos malos, para después saborear los grandes, un Selmer o algo parecido. Pondré en la boquilla una caña del doce, tocaré In a sentimental Mood y viajaré a una bahía con las notas. Aquellas que no te pertenecen, aquellas que nunca fueron tuyas, pero sin haber entonado ninguna nota tuya ¿Quién sabe dónde estaría?
Recuerdo en el pasado lo que acontece en el futuro, y lo transmito en el presente. Suena ahora A love supreme… pero no es un tema tuyo.


laveron dijo
el tiempo de los recuerdos nunca es lineal...trabaja en red. el tema son los nodos!
beso!!!!
laura
PD: y me gustó leer otro retazo más
10 Marzo 2006 | 02:43 AM