Aún mi incredulidad por lo sucedido estaba ansioso esperando su llamada. Ni que decir que me finiquitó los más rápidamente posible. Una sonrisa forzada hasta la extenuación no hizo más que enfatizar su malestar por la conversación telefónica. Me hubiera gustado tener un espejo para poder contemplar el rosario de caras, gestos y disimulos que hice en aquel aparatoso rato. Empezó explicándome algo sobre el buen gusto que tenía vistiendo, ¡yo!, pero era una mera forma de no ser grosera por su parte. Le agradecí que no hiciera lo que una y otra vez los humanos utilizamos como punzón para romper el hielo o para alargar la incomodidad de una conversación, hablar sobre el tiempo. Nos quejamos profusamente de la utilización por parte de la televisión de la información meteorológica como un juego interactivo de pantallas y gráficos, dándoles un valor que sólo tiene importancia si nos va a condicionar algún suceso extraordinario. Si tenemos que coger el paraguas cuando vamos al trabajo no nos molesta la lluvia, es una mera extensión del desacuerdo que nos impone es obligación a quedarnos en la cama bien dormidos. Y si hace sol pensamos qué bien estaría dar un paseo y no metido entre cuatro paredes que nos insatisface un día sí y otro también.

Quedó en que me llamaría. Le supo mal tener que marcharse pero le había salido un imprevisto. Cuando me dijo te llamo, lo hizo mirando fijamente a mis ojos, con cara de mandato, su mano en mi hombro intentando transmitir no seguridad. Más bien era un mandato inquisitorio, un intento de sometimiento: esto es lo que hay y puedes ir acostumbrándote. Yo me acostumbraría a sus despedidas siempre y cuando me diera la espalda, ese trasero era la primera de mis perdiciones o el azuelo más descarado que más fácilmente había picado. En cuanto cruzó la calle y paró el primer taxi, ella antes de entrar se giró sabiendo perfectamente mi ubicación: Petrificado de pie en el mismo sitio donde me había dado dos besos de despedida. Ni siquiera se molestó en hacer el ademán de que iba a pagar, ya que no le dio tiempo a pedir nada y aunque lo hubiera hecho sabía que no iba a permitírselo, yo estaba ansioso por hacerlo.